Uno puede babear, tener la boca increíblemente abierta, cabecear y golpearse contra el vidrio, o peor aún, contra la manijita puntiaguda del mismo; pero me pregunto: ¿existe algo más reparador que el suave vaivén del colectivo? ¿Existe mejor momento para dormir que ese en donde nuestra conciencia no puede sostener ni un segundo más el cansancio y caemos rendidos ante la mirada atónita o jocosa del otro pasajero?
El mejor momento es cuando ves a uno de esos zombis durmientes que ya no pueden más de la vida durmiendose sobre su vecino de viaje, que a veces, no sabe como sacárselo de encima.

Justamanente extraño eso del colectivo o del subte (amo leer en los transportes publicos)
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